domingo, 25 de enero de 2009

Sí.

Mi muy queridísimo niño:
¿Dormiste bien anoche? Yo no pude pegar un ojo. Estaba demasiado atónita, demasiado confundida, demasiado emocionada y demasiado feliz; tengo la sensación de que ya no volveré a dormir nunca más, ni a comer tampoco. Pero tú debes dormir, queridísimo. Es preciso que te pongas fuerte lo más pronto posible para venir a reunirte conmigo. Mi hombre querido, no puedo soportar la idea de lo enfermo que has estado y yo sin enterarme. Cuando el doctor me acompaó ayer hasta el coche, me dijo que durante tres días te habían desahuciado. ¡Dios mío!... Si no te hubiera recobrado, la luz habría desaparecido para mí. Me imagino que algún día, en un futuro muy lejano, uno de los dos deberá dejr al otro; pero por lo menos entonces habremos disfrutado ya de nuestra felicidad y nos quedarán los recuerdos para seguir viviendo.
Mi intención era levantarte el ánimo, pero resulta que soy yo la que necesita que me reanimen. Porque, a pesar de lo feliz que me siento, en cierto sentido también estoy más sosgada y más seria. El temor de que pueda llegar a sucederte algo malo echa una sombre sobre mi alegría. antes podía ser frívola, despreocupada e indiferente, porque no tenía nada precioso que perder. En cambio ahora... Ahora me acosará siempre La Gran Preocupación, por todo el resto de mi vida.
En cuanto te apartes de mí un segundo estaré pensando en todos los automóviles que pueden pisarte, en todos los carteles que te pueden caer en la cabeza y en todos los microbios que pudes tragarte. Mi paz espiritual ha desaparecido para siempre. Pero lo cierto es que nunca me importó demasiado tener paz.
Por favor, mejórate pronto, pronto, pronto... Quiero tenerte lo antes posible cerca de mí para tocarte y convencerme de que eres palpable y concreto. Fue tan breve la media horita que pasamos juntos, que a veces pienso si no la habré soñado. Si yo fuese un miembro de tu familia, algo así como una prima lejana en cuarto o quinto grado, podría con toda propiedad ir a visitarte todos los días y leerte en voz alta y acomodarte las almohadas y alisarte esas dos arrugitas de la frente y hacerte sonreír... con tu linda y alegre sonrisa.
Aunque creo que ahora estás alegre de nuevo, ¿no? Ayer lo estabas. El doctor dijo que debía ser buena enfermera, ya que tú parecías diez años más joven. Espero qque estar enamorado no le quite a todo el mundo diez años de encima... ¿Me querrías lo mismo, querido, si resultara que no tengo mas que once años?(...)
Te extraño espantosamente. Pero es una nostalgia feliz; pronto estaremos juntos y ahora sí que nos perteneceremos sin duda alguna; nada de juegos de "hacer creer". Es una sensación muy, muy dulce. Y no dejaré que lo lamentes un solo instante.

Tuya para siempre,
L.-

P.D. Ésta es la primera carta de amor que escribo en mi vida. ¿No es una maravilla que haya sabido cómo hacerlo?



Papíto-Piernas-Largas de Jean Webster.

1 comentario:

Anónimo dijo...

...No , no son dos! Son tres....